Querer es decir «te quiero»???
RAÚL MÉRIDA GORDILLO
Cuentan que, en la India, existió una vez un pueblo en el que, por una transformación genética, todos sus habitantes nacían privados del sentido de la vista.
Ello, sin embargo, en absoluto era un obstáculo. Habían conseguido desarrollar otros sentidos de tal forma que sus vidas, en nada diferían de las gentes de otros pueblos que si disponían de dicho sentido.
Pero un día, quiso la fortuna que se acercara por aquel lugar un animal en busca de alimento. Y así, guiado por su olfato, se encaminó hasta el mismo centro del pueblo, donde ese día se celebraba el gran mercado de las frutas.
Los mercaderes, ciegos de nacimiento, al sentir la presencia del animal se acercaron al mismo para conocer a que especie pertenecía.
El vendedor de sabores alargó su mano y fue a dar ésta con una de sus patas. Y éste, al notarlas duras, gruesas e, inmóviles en ese momento, concluyó que no era un animal sino el tronco de un árbol recio y alto.
El mercader de las frutas alargó también su mano. Y fue a depositarla sobre sus grandes orejas y, éste al verlas tan amplias, lisas, ligeras y extensas, pensó que debía tratarse de un ave, confundiendo las mismas con las alas de éstos.
Otro tocó su cola y pensó que debía tratarse de un gran perro. Mientras tanto, el aguador del mercado, se dio de bruces con la trompa del animal y, al sentirla, no lo dudó un instante y, gritando, alertó al resto de la presencia de una gran y temible serpiente...
Al final fue un anciano, viejo, sabio y pobre el que comenzó a tocar al animal poco a poco. Y así, deslizando su mano por todo el cuerpo, descubrió que aquel gran animal, se trataba de un pacífico elefante que, atraído por el dulzor de las manzanas, se había plantado en medio de la multitud.»
En realidad, es sólo un cuento... ¿o no
¿Cuántas veces en la vida conociendo sólo una parte hablamos del todo
Opinamos, juzgamos y... sentenciamos.
Lo mismo hacemos con la palabra más esencial que existe: - querer- Decimos «te quiero» y, al hacerlo, a menudo no decimos nada.
En el albergue lo he visto tantas veces.
Muchos animales mientras caminan hacia una jaula, oyen decir a sus dueños gritándoles: ¡Te quiero!, ¡Te quiero!.
Pero, como en el cuento, ellos quieren sólo parte. Quieren sus conciencias. Quieren sentirse libres, sin responsabilidades. Quieren olvidar. Y, a veces, por increíble que parezca, quieren irse de vacaciones sin problemas ni ataduras.
¡Qué pena! Ninguno de ellos sabe que: Querer es querer sin partes. Querer es, simplemente, querer.
Quizás por eso, el tiempo me ha enseñado que, en esta vida no hay peor mentira, que decir: -te quiero- cuando, de verdad, no se quiere